Paratexto

¿Debería importarme? Esa es la gran pregunta

Cuando uno no tiene nada que aportar a la conversación, lo mejor es no pronunciar palabra. Esto explica mi ausencia durante los últimos 4 meses: no tengo nada que sea de interés y mi vida fluye en la más absoluta tranquilidad e intrascendencia.

No me malinterpreten: tengo una niña pequeña —y esto es una aventura—. Durante este último año he alcanzado hitos relevantes como profesor, mi carrera investigadora en la universidad avanza viento en popa. He trabajado mucho. Pero mis días pasan sin sobresaltos. Las semanas vuelan. Estoy conforme con mi vida, he hecho las paces conmigo mismo y vivo plácidamente. Viviré y moriré del mismo modo en que lo hacen millones y millones de personas: anónimo. Y eso está bien.

No tengo nada de qué quejarme. Se podría decir que he regresado a mi infancia: tardes de verano sin preocupaciones, caminar por senderos perdidos, explorar los bosques, jugar con ramas, fabricar algo con las manos y dormir la siesta bajo la sombra de un gran árbol.

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Todo esto no ha sido algo buscado, sino la consecuencia natural de un estilo de vida pacificado. Ya hace mucho tiempo que me desprendí de todo lo superficial. En mi vida no hay redes sociales, no existe Facebook o Instagram, ni nada que se le parezca. Recibo un Whatsapp de tanto en tanto. Quizás una llamada a lo largo del día. Mi ordenador está apagado fuera de las horas de trabajo. No me acerco a la ciudad, tengo pocas posesiones materiales y el dinero me importa poco.

Cuando eliminas todo lo sobrante solo puedes dormir una larga siesta, dar un paseo, comer un helado, cenar algo ligero, jugar con los niños, bañarte en el río y ver una película. ¿Qué otra cosa puedes hacer?

Esta es mi forma de resistencia no violenta: bajar del burro, pasar de todo, olvidarme (a ratos) de un mundo que considero extraño y no entiendo. No debo preocuparme en exceso por aquello que no está en mis manos. ¿Acaso puedo hacer algo?

Pero no..., no te puedes desvincular de la realidad. Aunque viva en una burbuja, a mi alrededor todo arde (literalmente). Inmigración, corrupción, violencia, política de parvulario, asesinatos, tráfico de drogas, un gobierno ausente, la vivienda por las nubes, redes sociales destrozando adolescentes, manipulación social, la inflación... La inteligencia Artificial.

El mundo no progresa, o no lo hace en el sentido tradicional del progreso. El mundo contiene la respiración y se prepara para recibir el próximo golpe. ¿A dónde vamos? ¿Existe una dirección clara? No lo creo.

¿Debería importarme? Esa es la gran pregunta.

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