Paratexto

Escribir un blog sin miedo a ofender

Creo que uno de los mayores frenos para la publicación de ideas, opiniones o argumentos es el miedo a la reacción de los lectores: ¿estaré generalizando en exceso?, ¿resultará esta afirmación ofensiva?, ¿qué pensarán de mí?, ¿tengo derecho a opinar sobre esto?, ¿este comentario me encasilla en un determinado espectro político?

Parte de este miedo, que es superficial, tiene sus raíces en la cultura de la cancelación. Tememos irritar al lector y que la masa transforme ese malestar en una crítica hacia nosotros.

Bajo ese pretexto muchas ideas, opiniones o comentarios, que pueden ser brillantes (o no), no emergen nunca. Si lo pensamos, es una forma de autocensura. Pero... ¡todo el mundo tiene derecho a expresarse libremente!, ¡sin miedo a ser quemado en la hoguera! ¿Por qué tememos la crítica?, ¿por qué nos asusta ofender al lector?

La cultura de la cancelación es profundamente antidemocrática porque impone un sistema de autocensura y un estado de terror que no solo se aplica a quienes piensan distinto, sino a nuestros afines. Tememos tanto enfadar a unos como a los otros.

Frente a la posibilidad de decir algo equivocado o expresar una opinión impopular, preferimos guardar silencio. Y, con este gesto de abandono, se empobrece el debate público.

Las redes sociales han jugado un papel importante en la imposición de esta dinámica: el escaso espacio que ofrecen, las limitaciones del formato, la imposibilidad de mantener un debate tranquilo y constructivo, la toxicidad natural de las redes... impiden expresar las opiniones o las ideas de forma funcional y libre. En las redes sociales existe un riesgo real de ser malinterpretado.

En los blogs (como este), sin embargo, es más difícil que esto pase. Esta es una de las razones por las que estoy aquí: nadie me dicta cuánto espacio puedo dedicar a desarrollar una idea, ni se me obliga a fragmentar esta idea en diferentes mensajes. Tampoco hay publicidad que interrumpa tu lectura. No hay un algoritmo que amplifique o penalice la visibilidad de mi publicación. Es, sin duda, un formato que permite una mayor amplitud intelectual, aunque este no sea necesariamente el objetivo de lo que publicamos. Pero la posibilidad está ahí: puedes hacer y decir lo que quieras, sin que nada te imponga un límite.

Bearblog tampoco ofrece un espacio para los comentarios donde me puedan cancelar. El formato blog fuerza una simetría en la conversación: si alguien tiene una opinión distinta a la mía y desea cancelarme, debe hacer el esfuerzo de estructurar una respuesta, publicarla en algún blog y hacerme llegar esa publicación. O también puede escribirme un correo electrónico, que no es algo público. Un tuit sería una respuesta insuficiente, perezosa, pobre y desconectada.

En conclusión, creo que no deberíamos tener miedo. La gente piensa demasiado las cosas antes de publicar. Pensar dos veces antes de publicar algo es un acto de prudencia necesaria: hay que moderar las palabras, no dejarse llevar, no ser ofensivo, no atacar de forma gratuita... Existen ciertas normas y líneas que no se deben traspasar.

Pero lo que seguro no debería ocurrir nunca es sentir miedo a expresar una idea. Si eso ocurre, si llegamos al punto en que tememos hacer pública nuestra opinión, estaremos frente a un síntoma claro de que algo en nuestro sistema de valores compartidos, lo que nos permite vivir en sociedad, se ha roto.