La mentira de los dumbphones: no odias tu smartphone (eres un adicto)
Cada 7 u 8 meses, como si se tratara de una gripe estacional, YouTube me recomienda vídeos sobre dumbphones. Supongo que mi coqueteo con el "minimalismo digital", las herramientas de productividad en markdown, información sobre música en vinilos, los discos compactos y la tinta electrónica... me sitúan en el segmento de personas "raritas" que buscan regresar a lo analógico. El algoritmo de la plataforma hace sus cábalas, y vete tú a saber lo que debe pensar sobre mí.
Sea como sea, el asunto me tiene un poco frito, porque veo que se prometen cosas sobre las que yo tengo muchas dudas. ¡Como si hacer un "downgrade" tecnológico fuera a resolver los problemas de adicción de la gente!
No puedes odiar un smartphone
Muchos de estos vídeos sobre dumbphones empiezan igual:
"Odio mi smartphone, consume mi tiempo y mi energía".
o quizás...
"¿Sabes cuánto tiempo pasas con tu teléfono smartphone?"
En mi opinión, esto es una excusa barata... una forma infantil de desviar la atención o un eufemismo para evitar decir lo evidente: eres un adicto.
No estoy exagerando: si has llegado a un punto de tu vida digital en el que consideras deshacerte de tu teléfono, significa que tienes un problema más grave de lo que crees. Eres como el alcohólico que, en un arrebato de rabia y furia, arroja todas las botellas de licor por la ventana. Igual que un fumador que rompe los ceniceros y lanza sus cigarrillos al retrete al sentirse asqueado por el tabaco.
El "odio" que muchos de estos creadores de contenido proyectan hacia el smartphone refleja un malestar por el modo en cómo consumen su tiempo: sienten que están prestando demasiada atención al teléfono. Pero... ¿haciendo qué?
Obviamente no miran la pantalla en negro. Por lo tanto, muy posiblemente arrastran problemas más complejos, como una adicción a las redes sociales. No, no odias tu smartphone, sino el tiempo que pasas en redes sociales. Y puedo adivinar que seguramente muchos están atrapados en el "doomscrolling".
Por lo tanto, el teléfono no es el problema... El smartphone solo es un instrumento: el canal por el que se consumen las sustancias adictivas.
Aquí es donde emerge la realidad: el adicto a las redes sociales necesita alejarse del smartphone, del mismo modo que el alcohólico se aleja de los bares, o el fumador deja de participar en ciertos hábitos asociados al cigarrillo. Pero la triste realidad es que la distancia no resolverá el problema de fondo, y tarde o temprano el smartphone y la adicción regresarán, posiblemente con más fuerza.
Una relación sana con la tecnología
Nadie puede decir que Android Auto o Apple CarPlay son malas herramientas. Te llevan del punto A al punto B con gran eficiencia. El smartphone te permite pagar en el metro y en el supermercado, sacar una foto de recuerdo y compartir ese momento con la familia. Puedes felicitar a tus amigos por su cumpleaños, aunque se encuentren al otro lado del mundo. Tienes un calendario donde anotar cosas importantes y un despertador. Si te encuentras en una situación de emergencia puedes compartir tu ubicación con los servicios de rescate. YouTube o Spotify han puesto a nuestro alcance un catálogo infinito de música, podcasts y vídeos sobre cualquier cosa que puedas imaginar.
Todo esto era, hasta hace poco, imposible para cualquier persona nacida durante los 80 o los 90. Hay muchas cosas positivas en un smartphone a las que no deberíamos renunciar. Ha facilitado la vida en muchos aspectos, y también ha rebajado las barreras de acceso a ciertas tecnologías y posibilidades de comunicación.
Pero hay un ruido de fondo que no podemos obviar. El smartphone ha cambiado la sociedad y modificado radicalmente las formas de socialización. Una parte importante de nuestra vida está digitalizada. Las relaciones humanas también han cambiado mucho con la aparición de las redes sociales. Pero, ¿qué hay de malo en mandar un WhatsApp a tu amigo? ¿O en tener una comunidad de Telegram? Te respondo: NA-DA.
Sin embargo, todos estaremos de acuerdo en que es claramente enfermizo que esa sea nuestra única forma de socialización, comunicación y relación. Por lo tanto, ni mucho, ni poco: es necesario encontrar un equilibrio sano entre lo físico y lo digital. Quienes se refugian únicamente en las relaciones sociales mediadas por un smartphone ocultan problemas más profundos que no se resuelven eliminando el dispositivo.
Hay un largo camino antes de comprar un dumbphone
Si quieres resolver tu problema con el smartphone el primer paso es decir adiós a las redes sociales. Te reto a acceder a Instagram y borrar tu perfil por completo. Haz lo mismo en Twitter/X, en Facebook, en TikTok o en BlueSky. Borra todas tus redes sociales, incluído Mastodon. No es necesario que lo hagas de forma brusca: habla con quienes deseas mantener una relación, avisa de tu salida, comparte tu número de teléfono con ellos, o el email, y programa tu desaparición para dentro de 7 días.
No quiero hablar de mí... pero este fue mi camino no planificado ni premeditado: sencillamente fui borrando mis cuentas, por falta de interés, tiempo y, en cierto modo: asco. Hazme caso: vivirás más tranquil@. No vas a echar de menos nada de lo que ocurre ahí. No te pierdes nada.
Una vez resuelto esto, no tendrás nada que hacer en el teléfono. No hay notificaciones, ni avisos, ni plataformas a las que acceder a perder el tiempo. No habrá más distracción. Borra las aplicaciones. No sirven para nada. Madura, déjalo ir.
Una vez hecho esto... ¿Para qué quieres un dumbphone?
La auténtica razón por la que SÍ necesitas un dumbphone
Tras mucho pensar en esto, creo que la única razón para tener un teléfono "tonto" es la privacidad. Los sistemas Android comparten datos de telemetría constantemente. Los de Google saben a dónde vas, qué miras, qué buscas, con quién estás, a dónde te conectas y a qué hora suena tu alarma. El smartphone es una máquina de espionaje masivo.
Este es realmente el único punto donde tiene sentido tener un teléfono tonto: si estás extremadamente preocupado por tu privacidad.
No quiero cerrar este post sin poner sobre la mesa el alto grado de postureo que hay en este asunto. Muchos chicos y chicas romantizan los años 90 y 2000. Ciertamente fueron años de mucho desarrollo y avances técnicos. Esa década se define por ser el nexo de unión entre toda la tecnología analógica de los 80 y el universo digital en el que estamos ahora inmersos. Sí, fueron unos años mágicos, llenos de posibilidades. Pero no necesariamente mejores. Esos años no volverán: el mundo ha cambiado, y salir de casa con un "flip-phone" no te traslada ni por asomo a lo que era vivir en la España de 2005. ¿Quién quiere regresar a eso? Tampoco te hace más interesante, ni misterios@. Todos sabemos que tarde o temprano volverás a tu smartphone... Porque no hay nada malo en ello, es una herramienta más, tiene su utilidad, resuelve muchos problemas.
Un saludo,