Paratexto

Lo llaman progreso

En los últimos meses he seguido con interés el reguero de despidos masivos en las grandes tecnológicas. Desde Meta hasta Google, pasando por Amazon, las megacorporaciones llevan ejecutando oleadas de despidos de miles o decenas de miles de empleados desde el año 2022 o 2023.

La razón de estos despidos es, según dicen, la Inteligencia Artificial. Y la lógica sobre la que se sustentan es simple: si la IA puede hacer el trabajo que antes hacía un humano, prescindir de ese humano reducirá los costes. Nos dicen que la IA es el progreso, pero ¿qué progreso hay en destruir empleos? ¿Quién comprará tus productos si nadie trabaja?

Hoy he leído esta noticia: ¿Rechazo generacional a la IA? Por qué los universitarios la abuchean en las ceremonias de graduación de Estados Unidos, que viene a confirmar un poco mi tesis.

Tengo la certeza de que la Inteligencia Artificial despertará un nuevo movimiento ludita. Odiaremos las máquinas del mismo modo en que los trabajadores de 1800 odiaron la automatización de las fábricas. No por el reemplazo de la fuerza de trabajo, sino por la destrucción de los empleos, las comunidades y la amenaza que esto supone para amplios estratos sociales. La IA es ahora, como lo fué el telar, una herramienta de control social: amenaza con reemplazar la mano de obra humana si no se acepta una precarización de los empleos.

A esto le debemos sumar la inflación, la crisis brutal de la vivienda en Europa y la precariedad laboral (especialmente entre los más jóvenes). Están construyendo un mundo que se parece cada vez más al sistema feudal medieval, donde los siervos vivían cautivos, ligados a la tierra, sin alternativas frente a la amenaza constante de convertirse en unos parias desposeídos. La IA es solo un instrumento más para amedrentarnos y asegurar que nos mantenemos dóciles.

No, el mundo no es mejor hoy que hace 20 años. No somos más libres, ni más inteligentes, ni ganamos más dinero, ni vivimos mejor. La libertad de expresión ha retrocedido frente a una izquierda agria y una derecha que camina hacia el extremo. Todo es más caro y de peor calidad. Nos han tomado el pelo, y nos han robado el futuro que nos prometieron.

Y el problema no es la introducción de una nueva tecnología que destruye empleo, o la merma de nuestro intelecto, sino la velocidad a la que está ocurriendo, el estrecho (o nulo) margen de adaptación que existe y la ausencia de alternativa u opciones. No hay forma de negarse a esto.

Los grandes señores saben lo que está por venir. Son plenamente conscientes del reto al que nos enfrentamos y de la alta conflictividad social que esto traerá. Por esta razón Elon Musk o Zuckerberg defienden la renta básica universal. Es un mecanismo de pacificación.

El tiempo dirá...