Pedir ayuda no es malo

Hoy traigo uno de esos temas que, quizás, sería mejor no tratar. Pero, esto es un blog personal... y creo que mi experiencia puede ayudar a otros.
En el año 2019 empecé a acumular una enorme tensión. No puedo expresar con exactitud cuál era el problema, pero algo en mí no funcionaba correctamente. Al principio ni siquiera era consciente de que existiera un problema. Tenía mucho trabajo: presión por investigar y publicar, impartir clases, burocracia, el doctorado y otras cosas "importantes" en las que pensar. Lo vivía como un "momento" en mi vida, una etapa... como tantas otras. Estaba seguro de que aquello era puntual, y que acabaría pronto. No le di importancia.
Para 2020 ya vivía en un estado de alerta permanente. Mi día a día era pura ansiedad. Entonces llegó la pandemia y nos confinaron. Durante aquellas semanas el nivel de estrés subió todavía más. Los profes lo pasamos muy mal durante esa época.
En 2021 ya llevaba dos o tres años en esta situación, y entré en lo que se conoce como "estrés crónico". Todo eran emociones, nervios e hiperventilar. 24h/7 los 365 días del año. No sabía existir fuera de ese estado mental. Sufría migrañas, fiebres espontáneas, agotamientos, insomnio...
Cuando alguien se somete a un alto nivel de estrés durante mucho tiempo, el cerebro empieza a sufrir cambios estructurales y se hace resistente a ciertas hormonas. El cuerpo se adapta. Primero sufres pequeños fallos de memoria, luego te pones enfermo, estás agotado, llega la apatía y, finalmente, se desarrolla un trastorno depresivo.
A mediados de 2024 mi salud mental era insostenible. Mi capacidad para razonar estaba mermada, tomaba decisiones poco inteligentes y tenía problemas para el trabajo intelectual. No era capaz de concentrarme en nada. Empecé a tener ideas autodestructivas... Me descubrí a mí mismo siendo incapaz de tomar decisiones simples. Cualquier cosa: un gesto, una palabra, un comentario, una mirada, me hundía. Cualquier pequeño reto se convertía en un desafío. No quería salir de la cama.
Así que en julio de 2024 pedí ayuda.
Una hora. Eso es lo que tardó la sanidad pública en contestar a mi petición. Un grupo de psicólog@s me recibió, solo una hora después de pedir ayuda. Y me escucharon, no me juzgaron. Nadie intentó restar importancia a mi situación. Desde el primer minuto se tomaron mi salud mental con la máxima seriedad y profesionalidad posible. Comprendieron perfectamente mi situación, y fui una prioridad. Ese mismo día inicié el tratamiento.
Hoy estoy completamente recuperado. En el proceso he aprendido algunas cosas... de las que posiblemente hablaré en otra publicación.
Si de alguna manera te sientes identificad@ con lo que has leído, busca ayuda. Habla con alguien de confianza. Te deseo lo mejor.
