Sobre los trabajos de fin de grado
Este semestre dirijo siete trabajos de fin de grado (TFG). Hace más o menos un mes que los alumnos empezaron a redactar sus proyectos y, para estas alturas del curso, lo habitual sería que el trabajo estuviera todavía en un estado muy primario.
Un TFG exige mucho esfuerzo previo: delimitar el tema, plantear las preguntas de investigación, trazar hipótesis, definir los apartados del índice, elegir la metodología... Antes de escribir una sola palabra se deben tomar muchas decisiones, y los alumnos suelen necesitar tiempo para organizar todo esto.
Una vez que lo anterior está claro, se procede con la documentación: leer artículos científicos, buscar referencias, analizar antecedentes y componer marcos teóricos. Esto también requiere tiempo, mucho. Cada bloque de información debe estar sustentado por una fuente de calidad, no se admiten afirmaciones sin aportar evidencias.
Sin embargo, este año está siendo distinto. Los alumnos han llegado a las primeras tutorías con muchas páginas de texto. Y se supone... (respiro hondo) que yo debería leer y evaluar sus «maravillosos» escritos.
Ya os oléis el problema, ¿verdad?
Como es lógico, no voy a dedicar un solo minuto a evaluar texto generado por IA. Leo en voz alta la primera frase del trabajo:
«En los últimos años, la industria del videojuego se ha consolidado como uno de los sectores culturales y creativos con mayor impacto económico, tecnológico y social».
Es una frase bien formulada. Es coherente, plausible y fantástica para cualquier conversación. Pero...
—¿En qué informe sobre la industria has leído esto? —pregunto yo.
—Ah, sí, bueno... ahora no tengo el informe —me contesta el alumno.
—¿Pero dónde lo has leído? —insisto.
(...silencio)
—Pasemos a otra cosa. Háblame del impacto social y cultural del videojuego. A juzgar por tu frase, es algo relevante, ¿no? —vuelvo a la carga.
—Bueno, sí —contesta.
—¿La cultura es una indústria? —pregunto.
(...silencio)
Para muchos alumnos, el TFG es un drama. Es la primera vez que se les reclama un documento académico formal y eso les impacta. Deben aprender a manejarse con el sistema de citaciones APA, que no es fácil. Pero, sobre todo, es la primera vez que deben crear conocimiento, lo que exige compromiso y responsabilidad. Si a esto le sumamos una fecha de entrega inamovible, tenemos todos los ingredientes para provocar más de un ataque de pánico o ansiedad.
Este año es el primero en que toda una generación de estudiantes universitarios ha cursado la mayoría de las asignaturas con la IA como herramienta de apoyo... y ahora no saben trabajar sin su ayuda.